Tiroteo en El Paso

Alejandro Cortés González-Báez.- El tema de esta semana es obligado. Aunque ya se ha dicho todo lo posible sobre los atentados en Estados Unidos, me atrevo a hacer algunas reflexiones sobre el asunto.

La primera es que cualquiera de nosotros puede ser objeto de una agresión fatal sin importar el lugar, la hora y demás circunstancias. Cuando se está dentro del alcance de un presunto criminal decidido a hacer daño a conocidos o desconocidos no hay seguridad posible.

Está claro que estos hechos dramáticos son producto de diversos factores. Se habla mucho de la facilidad para comprar armas en los Estados Unidos, de la autorización de portarlas con permisos otorgados por las mismas autoridades, de la influencia del cine, la televisión y los videojuegos, del clima de agresividad que se da en pandillas o asociaciones que promueven el odio a grupos étnicos diversos, y de forma más determinante, de la falta de cohesión familiar, con el consecuente deterioro en la estabilidad mental de los criminales.

Por otra parte, ese país sufre de una psicosis de persecución dada su larga experiencia en acciones bélicas en los cinco continentes.

La conclusión es elemental: Todo lo mencionado arriba forma un coctel explosivo que suele provocar hechos de violencia que terminan con la vida de algunas personas y los planes de sus familiares, sin excluir los daños psicológicos en innumerables personas cercanas a las víctimas, además de los empleados que laboran en estos negocios, y los clientes que los frecuentan.

En una de las primeras declaraciones que brindaron las autoridades, un reportero le preguntó al jefe de la policía de El Paso que cuáles serían los medios para evitar este tipo de hechos, a lo cual él respondió, con una lógica elemental, que no le compete a esta corporación atender ese asunto, sino que ellos se preparan para actuar en hechos violentos y poder restablecer el orden.

Estamos, pues, ante la pérdida o falta de conciencia del valor incalculable y sagrado de la persona humana, lo cual me parece que es el factor más importante del deterioro de la conciencia, y esto se produce dentro del ámbito familiar. Aquí está el problema más grave, pero aquí también está la solución.

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