Gente marrana

German Gez.- Parece que fue ayer cuando en plena época de lluvias, elementos de Seguridad llevaron hasta varias colonias costales y arena para que los pobladores hicieran barreras que les impidieran perder sus pertenencias por culpa de las inundaciones que se suelen dar en diferentes áreas de la ciudad.

Pocos días después, esos mismos vecinos protestaban ante las cámaras de un canal de televisión porque exigían que el gobierno municipal fuera hasta su colonia y retirara las bolsas que obstruían sus calles después de haber cumplido con su cometido.

Entonces surgió en mí una pregunta: ¿Acaso no podía la misma gente retirar esas bolsas de su colonia en lugar de exigir que empleados municipales lo hicieran? Si ya les habían ayudado para que no perdieran sus pertenencias, ¿Qué les costaba a ellos hacer el final del trabajo?

Se trata de una situación recurrente no solamente en Juárez sino en muchas otras ciudades del país, debido a que los mexicanos nos hemos acostumbrado a tener un Estado paternalista que “está obligado” a resolverle los problemas a cada uno de sus habitantes.

Y en ese mismo orden de ideas, siempre se trata de sacar beneficio personal afectando el patrimonio de la ciudad o del país, sin importar las consecuencias que sus acciones generan para la comunidad.

Es triste ver que el Parque Lineal Las Torres, inaugurado para que la comunidad de ese amplio sector lo utilice y lo cuide, hoy luce abandonado, sucio, los botes de basura ya fueron arrancados con todo y su base de concreto, las rejas que encierran el parque han sido destrozadas y hasta los bloques de su barda perimetral van desapareciendo uno a uno.

En muchos parques, la maleza crece y los vecinos no toman medidas para impedirlo, pero luego exigen que el gobierno resuelva el problema.

De la misma forma ha ocurrido con el alumbrado público. Hace poco más de un mes, vi un poste del alumbrado público tirado en el piso en la Prolongación De las Torres, no sé si se cayó como consecuencia de un accidente de tránsito o si fue tirado por vándalos ladrones, pero ahí estaba tirado.

Pocos días después, el poste ya no estaba. ¡Se lo robaron! Y si alguien se lo roba es porque saca beneficio económico. Quizás las empresas recicladoras les compran esos postes como hierro viejo y de esa manera pueden sacar unos cuantos pesos para comida o para vicio (lo más probable es que sea para lo segundo).

Así, hay quienes de manera momentánea resuelven una “necesidad”, pero para ello han afectado a toda una comunidad, pues antes de robarse el poste, ya ha desaparecido el cableado correspondiente, con el consiguiente perjuicio para la ciudad. Lo más increíble de toda esta situación es que no haya ninguna autoridad policiaca que se dé cuenta y detenga a estos delincuentes.

Tal vez, si no se dieran estas acciones de vandalismo que día a día afectan más sectores de la ciudad, no solamente en el alumbrado público sino en muchas otras obras de ornato urbano, podríamos disfrutar de una ciudad diferente y seguramente no estaríamos discutiendo sobre la conveniencia o no de aprobar el proyecto “Juárez Iluminado”.

Se robaron el niño manso de la escultura en el Cuatro Siglos y nadie se dio por enterado. Uno a uno los postes del alumbrado caen y no pasa nada. Los parques son vandalizados, las casas deshabitadas rápidamente se convierten en tapias y sus puertas y ventanas se venden en los numerosos tianguis que hay en la ciudad.

Estoy seguro que quienes lo hacen no tienen conciencia social, piensan que el gobierno paga sin analizar que finalmente son sus impuestos los que cubren esos daños. Nos falta volver a esa campaña de “Amor por Juárez” para tratar de lograr el arraigo de los habitantes que han llegado de fuera y nunca ven a nuestra ciudad como su casa sino como un hogar de paso.

Debemos educar más en las escuelas y crear nuevas campañas sociales de concientización para que a futuro dejemos de tener en ésta, la mejor frontera de México, una sociedad de gente marrana.