La oposición panista

Candelario González Villa.- ¡Lamentable espectáculo! La oposición minoritaria de plano no da una, ni en los congresos ni en los gobiernos que encabeza, ni siquiera a pesar de los apoyos que reciben de medios de comunicación y de los analistas e intelectuales orgánicos, así como de los magnates del sector empresarial.

Esta oposición, que según dicen lucha por los “equilibrios” con el nuevo gobierno, en realidad esgrime un discurso falaz y pueril pues son la negación a la razón y la justicia, al espíritu democrático y al desconocimiento humanístico. Por el contrario, dan cátedra en conducta mezquina, sin ética ni moral y el resultado de sus acciones y conductas llevaron a la nación a la desigualdad, pobreza y corrupción en las instituciones del Estado y en el sector empresarial.

En el gobierno de Carlos Salinas de Gortari inició el desmantelamiento del Estado al ingresar a la nación el neoliberalismo, pese a las advertencias de analistas sobre las consecuencias negativas que esto traería a nuestro país. En efecto, con las privatizaciones, cesiones y concesiones de las industrias paraestatales, así como de los servicios públicos, éstos fueron a parar a la iniciativa privada.

Como si no fuera suficiente, se inundó la administración pública con ejecutivos del sector empresarial y fue así como empezó a debilitarse al Estado y sus instituciones, con lo cual se dejó en el olvido el bie-nestar social de los mexicanos.

Al triunfo de Andrés Manuel López Obrador y tras su toma de posesión, la oposición minoritaria formó un “frentito” que encabeza el PAN y que integran organismos empresariales como Coparmex, Canaco, Canacintra y otras organizaciones proclives a la continuidad de las políticas socioeconómicas y públicas, dando el paso hacia el desmantelamiento del Estado para defender y  anteponer sus intereses personales y de grupo.

Por cualquier lado que se le mire o se estudie al ridículo “frentito” opositor, no expone una propuesta coherente ni argumentos históricos que nos lleven a la reflexión. A los liderzuelos que encabezan esta turba de desmemoriados no les cae el veinte del cambio que requiere la nación, pues les pertenece la autoría del lodazal en que está inmerso nuestro país.

Para poder alcanzar el cambio que le urge a México, en la propuesta de Andrés Manuel López Obrador (la Cuarta Transformación) es fundamental el ataque frontal a la corrupción institucional y a la empresarial. La oposición debe partir de la reflexión de su historia y de su paso por las instituciones para lograr la comprensión del Estado, sus facultades y obligaciones para con la sociedad en general.

La oposición minoritaria y toda la sociedad tenemos la obligación moral de ser partícipes del cambio, de confrontarnos con la realidad.

Dicha oposición minoritaria tiene la obligación de reconocer que la sociedad les perdió la confianza, que hoy no cuentan con credibilidad y su propuesta no es más que pan con lo mismo.

Por cierto, el PAN en sus histriónicos arrebatos nos debe una explicación a los mexicanos de su conducta en las reformas estructurales. Gustavo Madero y el desgobernador Javier Corral tienen la obligación moral de rendir cuentas del resultado de tales reformas y nos tienen qué explicar dónde están los beneficios para el pueblo.

Organizar marchas sin fundamento, sin visión de Estado y al vil estilo fascista, no es la solución ni la forma para buscar los equilibrios que requiere la nación. ¡El PAN es un peligro para México!