El carácter evitativo del poder público

Dr. Arturo Castro.- El resultado de la gestión pública en México no tiene la claridad ni la transparencia deseadas por la sociedad, ni en el pasado cercano, ni en este presente lleno de pragmatismos de cambio que son presentados como un proyecto de revolución pacífica llamado Cuarta Transformación.

El poder público está representado por la administración pública, es decir por el gobierno, que entre sus funciones sustanciales tiene la de cobrar impuestos para devolverle a la población una prestación de servicios diversos que le brinden bienestar y fácil acceso para la promoción del desarrollo personal y social.

Algo se tiene que hacer diferente para lograr los resultados deseables, ello va desde profesionalizar la función pública, bajarle niveles a la política protagonista de los políticos y desde luego a que los resultados de las políticas públicas sean evaluables positivamente.

La cultura del arrebato está en todos lados, de ahí que se requieren nuevas actitudes en todas las esferas de nuestro país, desde aquellos que tienen la posición de ganar-ganar hasta los grandes núcleos sociales ubicados en la pobreza y pobreza extrema.

Quienes ganan son empresarios, políticos, intelectuales, deportistas y artistas, entre otros, entonces urge proyectos para la construcción de un nuevo modelo económico que incluya a todos los estratos sociales, que se eleve el consumo y exista una mejor atención y gobernabilidad local.

El poder público es para todos, debiendo ser de todos, el beneficio debe darse en forma genérica, sin distinciones.

Este gobierno de hoy debiera generar  verdaderas expectativas de cambio; acciones no palabras, dijera el presidente Donald Trump, en su demanda de parar las caravanas de migrantes centroamericanos que cruzan México sin restricciones y con un ánimo inmediato de buscar asilo en los Estados Unidos.

Expectativas de verdadero cambio para México con una toma de decisiones basada en la proyección de resultados a corto, mediano y largo plazo que propicien el bien común o la justicia social según sea el caso.

El asunto es resolver aquellos posibles conflictos de intereses del poder político que tiene sumisa la sociedad civil.

Alguna vez se le dijo al expresidente Fox que su anunciado cambio político no funcionaba, que su gobierno solamente tenía soportes mediáticos, que la reversa también era cambio.

Cuando es electo presidente de México, llegó con todas las expectativas que gobernante alguno pudiera tener, pero aquel exgerente de la Coca Cola no tuvo resultados estructurales que propiciaran su tan anunciado cambio en las esferas de gobernabilidad en nuestro país.

El poder público a la hora de la verdad evita los problemas suscitados en su entorno, entonces la sociedad pierde y no ve más alternativas que esperar un nuevo periodo electoral y tomar desquite, nominando un nuevo gobierno con una nueva esperanza. El problema son las necesidades y los intereses que se contraponen.

El presidente López Obrador tiene el apoyo de la población, aunque algunos intelectuales empiezan a cuestionarlo, es presidente de México desde diciembre de 2018 y en días pasados recibe un refrendo denominado confianza al ganar las gubernaturas de Puebla y Baja California.

Su gobierno ha evitado la confrontación, seguramente es estrategia de su revolución pacífica, su carácter evitativo se observa en varios frentes.

Los migrantes que cruzan el país, la comunicación con los Estados Unidos, la evaluación y seguimiento de proyectos de verdadero cambio como la reforma educativa y la ausencia de políticas económicas más allá de las becas universales que propician verdaderamente el consumo entre la población.

El carácter evitativo del poder público se ve todos los días. Amor y paz dice el presidente de México, no voy a pelear con nadie, refrenda, cuando la lucha de la sociedad es de todos los días y a todas horas.

Enfrentando los problemas puede haber soluciones, necesitamos empezar a identificar los conflictos de cada quien y de todos.

El proceso de cambio no es sencillo pero debemos dejar de engancharnos en propuestas mediáticas y hacer lo conveniente para obtener resultados visibles y de ser posible a corto plazo. Dejar las expectativas por resultados concretos. Hacer el proceso adecuado para vivir mejor.

El interés no es que el poder público ofrezca disculpas sino que se ponga a ejercer su función de manera más eficaz, dejar la pasividad administrativa en aras de una imagen comprada de carácter mediático.

La idea no es de buscar culpables, porque serían señalados primeramente los partidos políticos, después el político mismo para seguir con los empresarios.

La idea es buscar un verdadero cambio sin discursos, cambios con intenciones que vayan más allá de las ganas de querer hacer. Hacer a un lado las confusiones que se arrastran para elevar las estadísticas del bienestar de la sociedad.

Las narrativas de lo que sucede son muy diferentes, según los interlocutores, es importante encontrar similitudes en la opinión pública para que el gobierno escuche.

Cuando se personaliza el deseo se hace irreconciliable que incida en la sociedad, la combinación de elementos entonces pudiera ser la razón de ser de los actores involucrados.

La búsqueda de un nuevo carácter está vigente, todo mundo lo desea. Un carácter público y político que deje un saldo positivo a la sociedad que mueva y conmueva las conciencias ciudadanas en el sentido de pensar que se cumple lo ofrecido.

Se requiere enfrentar los problemas del país, no evadirlos en un entorno de posibilidades reales que nos lleve a verdades sin mentiras.

 

 

 

 

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