Nuevo objetivo de la Diócesis de Ciudad Juárez

Padre Mario Manríquez.- Queridos hermanos, el pasado 8 de junio se llevó a cabo la asamblea diocesana de pastoral a la que convocó el Sr. Obispo de nuestra Diócesis, Don Guadalupe Torres Campos, con la finalidad de iniciar los trabajos para la elaboración de un nuevo trabajo de pastoral para nuestra Diócesis.

Vale la pena señalar dos datos curiosos para este evento. El primero que se realizó en la vigilia de la víspera de Pentecostés y fue precisamente en Pentecostés, hace 50 años, que Don Manuel Talamás publicaba su “VI Carta Pastoral” cuando la ciudad contaba con menos de cuatrocientos mil habitantes, 50 años de cambios que han hecho inoperante dicho escrito.

Segundo dato curioso, el último plan de pastoral de nuestra Diócesis se promulgó a finales del siglo pasado, en 1998 por Don Renato Ascencio León y estamos ya en un cambio de época en este siglo nuevo, cuando no solo han cambiado cosas sino que, sobre todo, ha cambiado la persona.

De ahí la trascendencia y la importancia de este plan de pastoral nuevo en el que la Diócesis trabajará durante un año intenso, la meta es que el nuevo plan de pastoral sea promulgado en la fiesta de Pentecostés del año 2020, el 31 de mayo con el favor de Dios.

Ciertamente la historia trae muchas sinergias y hay resistencias a todo cambio en cualquier institución, pero confiamos en Dios y en su Espíritu que guía a la Iglesia y nos llevará por caminos que respondan a las realidades nuevas que hoy se nos presentan.

El objetivo de la Diócesis es el siguiente: Sembrar el reino de Dios, impulsados por el Espíritu Santo, anunciando el Evangelio a todos para alcanzar la conversión pastoral, a partir del encuentro con Cristo Redentor, auxiliados por Santa María de Guadalupe.

Y esta es una breve explicación de los puntos más importantes:

Sembrar: Queremos continuar la misión de Jesús, el primer sembrador del Padre, arrojando con esperanza y alegría la semilla del evangelio, en el corazón y en la vida de nuestro pueblo. Siguiendo el ejemplo de tantos hermanos y hermanas que nos han precedido y, en medio de esta tierra desértica de nuestra frontera, seguir cultivando los valores que nos humanicen y nos permitan vivir con dignidad (cf. Mc 4, 3-20).

Reino de Dios: Los evangelios narran cómo el Reino es el centro de la predicación de Jesús, su pasión que lo llevó a la entrega generosa de la propia vida por la salvación del hombre. Esa ha sido también la preocupación principal de la Iglesia a través del tiempo. Así nosotros, como comunidad diocesana, queremos colaborar en la instauración del Reino de Dios en nuestra realidad fronteriza. Un Reino que consiste en poner al centro de nuestra tarea evangelizadora a la persona de Jesús; un Reino de paz, de amor, de verdad y de justicia; un Reino que implica a la vez que desaparezca todo aquello que le es contrario: la violencia, el odio, la mentira y la injusticia. (Cf. Mc 1,14-15; 10,15; 1Cor 16,22; Romanos; Orígenes; Cipriano).

Impulsados por el Espíritu Santo: Desde sus orígenes la Iglesia y sus evangelizadores han sido animados por el Espíritu Santo para llevar la buena noticia a las diferentes culturas. Como a los profetas, es el Espíritu el que unge a Jesús para anunciar la buena nueva a los pobres y el año de gracia del Señor. Asimismo, queremos ser una Iglesia diocesana que, guiada por el Espíritu de Jesús, promueva la vocación a la santidad entre sus miembros y anuncie con la palabra y con la vida, la alegre noticia a todos, especialmente a los pequeños, los pobres, los enfermos, las familias, los jóvenes, los migrantes, los obreros y empresarios, los sacerdotes y a los más lastimados de nuestra sociedad (Cf. Lucas; Hechos; Evangelii Gaudium 259; Gaudete et exultate).

Anunciando el Evangelio a todos: Siguiendo el ejemplo de Cristo crucificado y resucitado, que abraza de modo concreto a todos, sin distinción de raza y cultura, esta es la misión de nuestra Iglesia diocesana, ser llamada a anunciar el evangelio y ser lugar de acogida y de escucha, de formación y de comunión fraterna, de diálogo y de perdón. Una comunidad diocesana que comparte con entusiasmo el tesoro de la fe, una casa de puertas abiertas, incluyente, en salida y en diálogo con todas las personas y credos, pero que es fiel a su identidad católica. Una Iglesia maestra y discípula, abierta a las nuevas tecnologías y que usa con discernimiento y eficacia los medios de comunicación para el anuncio del evangelio. (Cf. Mt 28, 19-20; Magisterio del Papa Francisco).

Conversión Pastoral: Somos una porción de la Iglesia universal, que camina por el desierto de estas tierras fronterizas, en una permanente actitud de conversión personal y comunitaria, acompañada por Jesucristo Buen Pastor. De manera especial, queremos trabajar por la transformación de las estructuras, los métodos de evangelización y los estilos de nuestra pastoral diocesana, para ser más creativos y eficientes en la misión de la evangelización, y superar los miedos y actitudes que nos paralizan. (Cf. Mc 1,15; Evangelii Gaudium I, 25-33.95; DocAP VI, 7.)

Encuentro con Cristo Redentor: La llamada a la vida cristiana y a ser parte de esta gran familia que es la Iglesia, está en nuestro bautismo, encuentro fundante que se renueva a través de nuevos encuentros con Jesús crucificado-resucitado a lo largo de nuestra vida. Por ello, queremos esforzarnos por ser una Diócesis humilde, que busca y promueve entre sus pastores y fieles el encuentro personal con Jesucristo, a través de los sacramentos, la Palabra y el servicio generoso a los más humildes, encuentro que abre a horizontes nuevos y hace plena la vida. (Evangelii Gaudium 3; Deus caritas est 1; Del encuentro con Cristo a la solidaridad con todos).

Auxiliados por Santa María de Guadalupe: Queremos dirigir nuestra mirada amorosa a la Virgen María, Estrella de la evangelización, la primera discípula y misionera del evangelio que es Jesús mismo. Como Iglesia diocesana deseamos imitar su fe, su disponibilidad a la voluntad de Dios, su humildad y su cercanía con los más pobres y despreciados de la sociedad. Que María de Guadalupe interceda por nosotros y nos ayude a ser fieles a la misión que su Hijo Jesús nos ha encomendado. (Cf. Lc 2; PGP 8-9).

Oremos por nuestro plan diocesano y porque el trabajo eclesial en comunión, sinodalidad, interlocución y transversalidad hagan posible el cambio que necesitamos en nuestra Iglesia diocesana para alcanzar tan hermoso objetivo.

 

¡Dios bendijo a

Ciudad Juárez!