Mujeres tratadas como tontas

Padre Eduardo Hayen.- Con el objetivo de promover la participación de la mujer para que tenga las mismas oportunidades que el hombre, el 6 de junio pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos en materia de género.

Se trata de una ley de paridad que permitirá equilibrar el número de varones y mujeres en los diversos puestos públicos, incluyendo el Poder Legislativo. La llaman “ley de paridad de género”.

Esta ley es un franco disparate, un desatino y una insensatez. ¿Habrá alguien que tenga duda de que el hombre y la mujer sean iguales ante la ley? Nadie. Sin embargo, el que hoy participen más hombres que mujeres en la vida política no se debe a leyes discriminatorias contra las féminas.

La razón, simplemente, es de orden antropológico: los varones, por su naturaleza masculina, tienen mayor tendencia que las mujeres a conquistar el espacio público y al ejercicio de la autoridad, así como a jugar luchas con espadas cuando son niños.

Esto no significa que no puedan hacerlo las mujeres ni que ellas deban quedarse haciendo labores domésticas. Ellas tienen todo su derecho de aspirar a cargos públicos y, de hecho, lo hacen muy bien.

En estos tiempos en que la mujer no solo tiene igualdad de oportunidades que el varón, sino que tiene más que él, la ley de paridad de género está diciendo a las mujeres que son tontas y que, por ellas mismas, no tienen la capacidad, ni los méritos ni la inteligencia para ganar un puesto en el gobierno, sino que deben obtenerlo por decreto de ley.

Lo más sensato y lo más justo para ellas es dejarlas de tratar como ineptas con leyes como esta, y permitirles que desplieguen todas sus capacidades para ganar un puesto de servicio a la comunidad.

Con la nueva ley de paridad de género, cuyo objetivo es equilibrar la repartición de los curules en las cámaras y puestos gubernamentales en número equitativo de sexos, en realidad se está haciendo una terrible discriminación a las personas más capaces para ser funcionarios públicos.

Un hombre o una mujer de un talento extraordinario para ocupar una oficina de gobierno, podría no llegar al puesto por estar éste reservado a una persona que no es de su sexo, aunque sea menos talentosa. En el fondo, la nueva ley puede discriminar a los más competentes y mejor capacitados, y promueve la mediocridad.

Además, la ley de paridad de género deberá abrirse para que otras personas de diverso “género” al masculino y al femenino también tengan acceso a puestos públicos. Hoy nuestro gobierno promueve los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales, travestis, queers y transexuales. Ellos, según la ley, también son géneros. Países como Australia han reconocido a más de 20 géneros. ¿Por qué la paridad de género solamente competería a varones y mujeres y no a todos los demás?

En la lógica de la ideología de género eso sería discriminación y, tarde o temprano, tendría que hacerse una repartición equitativa para que nos gobiernen todas las comunidades eróticas habidas y por haber.

Además ha habido una reforma al artículo 35 para abrir la puerta al lenguaje inclusivo en la Constitución. Se suprimen términos como “derechos del ciudadano” porque así se discrimina a “las ciudadanas”. En cambio decir “derechos de la ciudadanía” es algo inclusivo para todos. No saben hablar español. Olvidan que en nuestro bello idioma el genérico masculino incluye a personas de ambos sexos.

Decir “el ciudadano” abarca a varones y mujeres. Es la manera correcta de hablar el castellano, lo que hoy resulta insoportable para los seguidores de la ideología de género. Se llega a ridículos extremos como el decir “ciudadanes” para incluir a hombres, mujeres y a todo el colectivo LGBTQ.

La ideología de género es la nueva dictadura cultural que somete a los políticos. Es la torre de Babel de nuestros tiempos.