Cada día sigo aprendiendo

German Gez.- Hace 30 años, el 2 de mayo de 1989, fue mi primer día de trabajo como periodista en el diario Occidente, pero antes de que llegara ese momento, hubo un cúmulo de experiencias que permitieron empezar a hacer realidad el sueño de escribir para informar a los demás.

Dando marcha atrás en el tiempo, recuerdo que desde que aprendí a leer, las noticias formaron parte de mi vida, gracias en buena medida a que en casa mi papá todos los días compraba “el Occidente”, como le decíamos; además, los fines de semana, en casa teníamos los tres periódicos que circulaban entonces en la ciudad: El País, Occidente y El Pueblo.

Gracias a ello, empecé a enterarme de todo lo que pasaba en el mundo y recuerdo de manera muy especial que un vecino tomaba el periódico y me preguntaba sobre cada una de las noticias de diferentes secciones, a las que siempre respondía con exactitud. Ese se convirtió en un juego de varios meses durante mi adolescencia.

Tengo que confesar, sin embargo, que las páginas de opinión no eran mi fuerte, pero me acerqué a ellas gracias a mi gran amiga Claudia María Guerrero, quien me guió para leer “Diario de Abordo”, una columna muy divertida que luego se convirtió en libro y que escribía Luis Alberto Lesmes en Occidente.

Llegado el momento de elegir la carrera a estudiar y tomando en consideración que hasta jugaba a escribir noticias, no dudé que Comunicación Social era la carrera que iba a seguir. Estaba en el servicio militar cuando presenté el examen de admisión en la Universidad del Valle y con gran entusiasmo, mi papá me notificó que había sido admitido. Era el año 1985 y en agosto debí hacer el trámite para inscribirme e iniciar mi carrera.

Sin embargo, debido a que se había registrado una huelga de varios meses en la universidad, se nos informó a todos los estudiantes de nuevo ingreso que las clases se iniciarían en enero de 1986, como en efecto ocurrió, lo que nos salvó de la “primiparada”, que consistía en aventar a los nuevos al lago que se encuentra en el centro de la Ciudad Universitaria. ¡Qué bueno que entramos seis meses después!

Dentro de la carrera, cuando llegó la hora de hacer las prácticas, escogí Selecciones de Prensa Colombiana, un periódico elaborado por dos estudiantes de últimos semestres de la carrera y que analizaba los principales diarios del país para hacer una selección en un tabloide y enviarla a diferentes partes del mundo. Adalgiza Charria fue mi primera “jefa”.

Terminadas las prácticas y con el deseo de seguir aprendiendo, fui a pedir la oportunidad de seguir como practicante en Occidente y tuve el placer de trabajar con Roger Ríos Duque, jefe de redacción, quien me empezó a guiar en el trabajo que implicaba ser periodista, asignándome coberturas especiales y reportajes de diferente tipo que con toda paciencia corregía conmigo.

En cuanto hubo una vacante, ese 2 de mayo empecé a trabajar, por primera vez percibiendo un sueldo que aún recuerdo: 25 mil pesos colombianos por medio tiempo. En Occidente incluso fui jefe de corresponsales. Con Roger aprendí mucho de lo que actualmente sé de esta apasionante profesión. El 30 de enero de 1990 me titulé y seguí trabajando en el diario.

Al año siguiente, el 21 de enero de 1991, entré a El País, que era y sigue siendo hasta hoy el periódico más importante de Cali. Tengo que agradecer la oportunidad que me brindó Lucero de Bueno para entrar y la enseñanza de mi compañera Carlina Cruz, quien me hizo caer en cuenta de un error: iniciaba la mayoría de párrafos con la misma palabra. Gracias a ella, aprendí que no se veía bien y desde entonces siempre procuro un inicio diferente en cada párrafo que escribo.

Tras un año y medio en Occidente y ocho y medio en El País, tengo que reconocer que la mayoría de mis grandes amigos en Cali los tengo desde entonces, tanto colegas como entrevistados. Es una profesión que permite hacer amigos. Víctor Rivera fue el primer entrevistado que se convirtió en mi amigo y cuya amistad tengo el gusto de tener desde entonces y a pesar de la distancia.

Entre mis compañeros de trabajo en El País, recuerdo con especial cariño a Alda Mera, Olguita Criollo, Merit Montiel, Isabel Peláez, Yamile Torres, Ricardo Moncada, Diego León Giraldo, Juan Carlos Bermúdez, Rubén Darío Valencia, Fernando Camacho, Zorayda Lenis, Judith Gómez (qepd), entre otros. A todos ellos también debo decirles gracias por la amistad que ni la distancia ni el tiempo han destruido.

Renuncié a El País para buscar nuevos rumbos en este México Lindo y Querido y después de nueve años como supervisor en la industria maquiladora, el 12 de octubre de 2009 la Lic. Cecilia Lozano me dio la oportunidad de regresar a los medios, aún sin conocerme ni saber nada de mi trabajo, cosa que se agradece infinitamente.

Ya son casi 10 años en Juárez Hoy, donde ahora trato de orientar a quienes van empezando en esta maravillosa carrera. He conocido gente muy talentosa que se ha abierto paso rápidamente, algunos de ellos aún forman parte de la redacción de éste, el Periódico Joven de Ciudad Juárez.

Han pasado 30 años desde mi primer día de trabajo y a cada persona que se acerca a mí y que desea aprender, la he guiado en lo que me han permitido, pero también de ellos he retomado y asimilado cosas que me han enriquecido. Hoy tengo que decir que de cada uno de los compañeros de trabajo y de mis alumnos en la Universidad de Durango, cada día sigo aprendiendo.