La paz de Jesús es la amistad con Dios

Antonio Fernández.- Dios Nuestro Señor antes de entregarse a sus enemigos, se empeñó en dejar fijo en el corazón de sus discípulos que a su partida no quedarán desamparados y desglosa en detalle su promesa.

Vendrá el Espíritu Paráclito, esto es el Espíritu Santo, quien les enseñará la verdad, así no se sentirán huérfanos con la suavidad de su consolación, da la impresión que el Señor quisiera detener su partida hablando al corazón de sus discípulos.

Pero la tristeza los agobia y la falta de fe les impide comprender a su Maestro la causa de anunciar su partida definitiva que no puede detener porque es esperado por el Padre en la gloria eterna.

De las multitudes que lo escucharon y siguieron por Israel, doce lo reconocieron por ser el Hijo de Dios hecho hombre.

Ilustra San Gregorio: “Pero en las almas de algunos no hacen mansión las divinas personas, porque aunque sienten el respeto a Dios, en el tiempo de la tentación se olvidan de Dios y vuelven a sus pecados, como si no los hubieran llorado”…

Ha señalado la problemática del alejamiento motivada por la tentación, el mismo santo muestra la solución a seguir: “El que ama de veras a Dios, tiene siempre a Dios en su corazón; porque, penetrado como está del amor de la divinidad, no se aparta de Dios en el tiempo de la tentación”.

El amor a Dios no se muestra solo de palabra, cierto que el Señor ha dicho, las buenas y malas obras nacen del corazón y éstas salen por la boca, pero decirlo de palabra es buen principio, el problema es la continuidad de esa palabra, cuya actitud Nuestro Señor Jesucristo lo enseña en la parábola del sembrador.

En el Señor es incesante la esperanza del amor, entre más es más: “Jesús le respondió y dijo: si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada”…

Guardar su palabra no es tenerla en el interior o en la mente, amar a Dios está fijado en la obras, no son las palabras o los cumplidos, eso se hace en las cosas del mundo, pero en Dios son obras las que demuestran que amamos a Dios. ¿Tú lo haces?

Para cerrar este apartado, San Gregorio Magno dice a los siglos: “La prueba del amor son las obras; el amor de Dios, desde su inicio hace grandes cosas por Él y no está ocioso; si se rehúsa obrar, ya no es amor, sino simple apariencia”…

En vida, el cristiano católico hará que la palabra del Señor se grabe o marque en su alma, elevar su atención a comprender con más profundidad la esperanza de vida y de salvación en sus discípulos y en los pecadores de todos los siglos…

“El que no me ama no guardará mis palabras, y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”… Sea propósito de nuestra salvación guardar su palabra que es la del Padre.

Nuestro Señor Jesucristo prepara el anuncio de su partida definitiva y dice: “Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros”… El Señor ve que no han comprendido, la razón es porque todavía no reciben el Espíritu Santo, por lo que ni las continuas explicaciones disiparán sus dudas obstáculo para comprender la doctrina.

Aun así, sabiendo su condición, el Señor continúa insistiendo las funciones que en ellos producirá el Espíritu de verdad.

Nuestro Señor Jesucristo quiere lo escuchen, no importa si de momento no comprenden su doctrina, llegará la venida del Espíritu Santo y los discípulos comprenderán y recordarán todo desde la primera vez que escucharon a su Maestro hasta antes de su partida, dominarán su doctrina y mandamiento que darán a conocer en el mundo a ese momento conocido.

“Pero el Intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que Yo os he dicho”…

Instruirá el Espíritu Santo no como lo hace el maestro que imparte tal o cual asignatura, el Espíritu de verdad como verdad esencial comunica a ellos y a la sucesión de fieles al Señor la ciencia de las cosas divinas que se descubren en su doctrina.

Conmueve la obra del Señor como fue en sus Apóstoles y se comprende que la sabiduría e inteligencia de Dios nos entrega el medio de salvación eterna que su divino Hijo vino a sembrar en los corazones de las almas. Dios ha preparado bienes para quienes lo aman.

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